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Pág.1/6/final_de_pagina/Señor Presidente:
La convivencia de las personas en el ámbito social y el respeto de sus derechos
individuales demanda una administración del espacio público y de los bienes públicos por
parte del Estado que no sea el resultado de falseamientos, distorsiones u ocultamientos
ideológicamente intencionados o de condiciones que los ocasionen, puesto que todo ello
resultaría injustificado. De esta manera, en la medida en que son necesarias, las
denominaciones de los espacios y bienes públicos requieren una mera designación que sirva
a los fines de poder calificarlos o referenciarlos respecto de otros bienes, sitios, funciones o
que obren como orientación para los transeúntes, entre otras finalidades. Esto genera un
hábito por el que es posible reconocer estos elementos en tanto se mantienen constantes en
el tiempo, generalizando y estabilizando su identificación en el entorno social, lo que a su
vez desalienta las posibles confusiones que puedan suscitarse, como ocurre con el nombre
de las calles o, en este caso, las denominaciones de las estaciones de subterráneos.
En este sentido, el servicio de subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires cuenta
con varias estaciones con la misma denominación y, a la vez, otras con dos
denominaciones, lo que se torna innecesario y en más de un sentido dificultoso, como es el
caso de las estaciones Malabia-Osvaldo Pugliese, Facultad de Derecho-Julieta Lanteri,
Santa Fe-Carlos Jáuregui; a excepción de las que también cuentan con doble denominación,
pero que en este caso cumplen la función útil de facilitar su ubicación a los transeúntes,
como ocurre con las estaciones Inclán-Mezquita Al Ahmad, De los Incas-Parque Chas,
Medrano-Almagro, Pasteur-AMIA, Tribunales-Teatro Colón, Tronador-Villa Ortúzar,
Plaza de los Virreyes-Eva Perón, por la avenida Eva Perón que se encuentra en el entorno
de esta estación.
Si bien el caso de la estación Entre Ríos-Rodolfo Walsh correspondiente a la línea E
incurre en el primero de los supuestos del párrafo anterior, se trata de una situación
particularmente grave que ocasiona inquietud en ciertos sectores sociales informados y por
lo tanto no es propia de una preocupación baladí como la que suelen ocasionar las
cuestiones de nomenclatura en otros espacios políticos que son afectos a detenerse en estos
aspectos. Todo ello debido a que pesa sobre la biografía del escritor una serie de
antecedentes y hechos ajenos al terreno de la literatura y a su posible valor como literato y
periodista que no cabe juzgar en este espacio, que sí merecen detallarse a fin de
contextualizar y dimensionar adecuadamente su figura y su accionar, y así poder analizar si
encuentra asidero que un bien público de importancia como los es una estación de subtes
merezca recibir su nombre.
En este sentido, la consigna “Memoria, verdad y justicia” impulsada por
organizaciones de la sociedad civil y por sucesivos gobiernos a cargo del Estado nacional y
del Estado de esta Ciudad en las últimas décadas —así como lo que le corresponde por su
parte al Poder Judicial y al Poder Legislativo—, no han contribuido a esclarecer
determinados acontecimientos de nuestra historia reciente, sino que han facilitado su
falseamiento, distorsión y ocultamiento, con la suma de consecuencias que esto acarrea. No
ha habido historia sino memoria, y mientras que la historia puede ser estudiada con fuentes
serias y de forma neutral como disciplina que busca el rigor de los datos y de las
interpretaciones, la memoria es antojadiza, parcial y vagorosa.
No resulta sencillo encontrar en la historiografía seria referencias directas al
accionar de Walsh1. Sin embargo, recientes investigaciones históricas y periodísticas han
echado luz sobre algunos de los hechos que lo involucran; en especial, merecen destacarse
1 Sin embargo, cabe citar p. ej. Andersen, Martín W., El mito de la guerra sucia, Buenos Aires,
Sudamericana, 2000, especialmente pp. 119-122; Giussani, Montoneros: La soberbia armada, Buenos Aires,
Sudamericana-Planeta, 1984; Halperín Donghi, La democracia de masas, 3ra. ed., Buenos Aires, Paidós,
2012; Floria, Carlos, García Belsunce, César, Historia de los Argentinos, Buenos Aires, Larousse, 2001;
Rouquié, Alain, Autoritarismos y democracia, Buenos Aires, Edicial, 1994, Rock, David, La Argentina
autoritaria, Buenos Aires, Ariel, 1993.
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Pág.2/6/final_de_pagina/las investigaciones llevadas a cabo por el periodista Ceferino Reato en su reciente libro
Masacre en el comedor. La bomba de Montoneros en el comedor de la Policía Federal. El
atentado más sangriento de los 70 (Sudamericana, 2021).
En efecto, es sabido que el 25 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh partió temprano
con varios ejemplares de la carta que le había escrito a la denominada incluso por él “Junta
Militar” que gobernaba de facto la Argentina. Se conoce que tomó el tren, llegó a la Ciudad
y tenía ejemplares de ese texto ensobrados y estampillados; introdujo varios sobres en
buzones a lo largo de un recorrido que realizó caminando. En la intersección de San Juan y
Entre Ríos, el grupo de tareas de la ESMA que lo vigilaba le dio la orden de alto. Walsh se
detuvo, pero también tuvo tiempo de sacar un arma y disparar. Hirió a uno de los espías que
lo cazaba mientras recibía disparos de bala en su cuerpo, fue llevado a la ESMA y luego
desapareció2.
Pero el 2 de julio de 1976, una bomba vietnamita —que por su estilo y potencia es
especial por el tipo de carga que lleva, no solo mata sino que mutila y corta3— provocaron
la muerte de veintitrés (23) personas y ciento diez (110) heridos que se encontraban en la
Superintendencia de Seguridad Federal donde funcionaba, además, un centro de represión
ilegal de la última dictadura. Reato en su libro recurre al testimonio de las víctimas, de
familiares y documentos que apuntan a uno de los máximos referentes del periodismo como
el responsable de la operación: Rodolfo Walsh. Asimismo, afirma que es el atentado más
sangriento no sólo de los ‘70, sino de la Argentina hasta la AMIA en 1994. Sin embargo,
no se ha escrito nada sobre eso, “no despertó el interés de periodistas, ni de historiadores;
tampoco el de la Justicia que 45 años después sigue sin haberlo investigado”46.
Según diversas fuentes, Montoneros se mostró orgulloso de ese atentado, que fue
una obra de inteligencia y muy eficiente. Por su parte, Walsh estaba orgulloso de ser
combatiente, deja su oficio de escritor y se hace revolucionario; “pasa del nacionalismo de
derecha a la izquierda marxista. Peronista, más o menos. Marxista más”5. En palabras del
periodista Jorge Fernández Díaz, “fue parte de una generación abducida por los ideólogos
cubanos, que le permitieron unir nacionalismo con marxismo”6.
En efecto, Walsh se convierte en la persona clave del Servicio de Inteligencia de
Informaciones de Montoneros y una de sus misiones era ocuparse de todos los infiltrados
que Montoneros tenía en las fuerzas armadas y de seguridad, que eran muchos y como
organización tuvo esa capacidad de captar jóvenes que eran hijos de miembros de las
fuerzas armadas y de la policía. Así, todas esas personas que eran claves para Montoneros
las manejaba Walsh; entre ellos, al autor material del atentado, José Pepe Salgado7. Pero él
es el que diseña la operación. Su trabajo en Montoneros fue tan prolífico que parecen haber
habido varios Walsh. Pero, era uno solo; una persona con un talento fuera de lo común para
2 Cfr. https://www.infobae.com/cultura/2022/03/25/a-45-anos-de-la-desaparicion-de-rodolfo- walsh-el-
periodista-el-escritor-y-el-hombre-armado/ (25/3/22).
3 Todo eso por las características del artefacto explosivo utilizado contra la fortaleza de la Inteligencia
policial: una del tipo Claymore: además de entre cinco y siete kilos de trotyl, cargaba bolas o postas de acero
que salieron disparadas como una metralla, que agujereó cuerpos, maderas y paredes, junto con los tenedores,
cuchillos, platos, vasos, botellas, bandejas, y hasta la caja registradora y las patas de las sillas y mesas del
comedor, que también salieron volando para todos lados, cfr.
https://www.infobae.com/sociedad/2022/02/18/masacre-en-el-comedor-los-estremecedores- detalles-del-
atentado-mas-sangriento-de-montoneros-del-que-nadie-habla/ (23/2/2026).
4 Cfr. https://www.infobae.com/politica/2022/02/20/el-libro-de-ceferino-reato-sobre-el-atentado- mas-
sangriento-de-montoneros-rodolfo-walsh-diseno-la-operacion-y-hoy-lo-homenajean/ (23/2/2026).
5 Íbidem.
6 Cfr. https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-testimonio-de-rodolfo-walsh-que-desnuda-al- peronismo-
nid04092021/ (23/2/2026). Incluso su figura aparece utilizada por sus defensores políticos y por el aparato
cultural hegemónico del oficialismo como un símbolo, talismán o fetiche de la libre expresión y la libertad de
prensa, y su aire lumpen de personaje de novela de Raymond Chandler o Norman Mailer puede resultar aún
atractivo para fanáticos y desinformados.
7 La bomba fue colocada por José María Pepe Salgado, un joven estudiante de Ingeniería infiltrado en la
Policía Federal. Su breve vida militante tuvo un vuelco decisivo cuando conoció a Rodolfo Walsh, en el
segundo trimestre de 1974, luego de una charla del famoso periodista y escritor organizada por el Centro de
Estudiantes de la Facultad, según recordó un ex montonero que trabajó también bajo las órdenes de Walsh,
cuyo nombre de guerra era Esteban.
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Pág.3/6/final_de_pagina/las múltiples tareas de inteligencia y contrainteligencia que desarrolló junto con
colaboradores “tabicados”, que funcionaban como células. Walsh y su grupo llegaron a
Montoneros bien adiestrados en las escuchas de la red radioeléctrica de la Policía Federal,
con la cual al parecer estaba obsesionado. Walsh empezó a aplicar sus habilidades para
descifrar códigos y le pidió a un pequeño grupo de amigos que lo ayudara a registrar todas
las actividades policiales a través de guardias que cubrieran las veinticuatro horas del día8.
El sargento de guardia Oscar Domínguez caminaba sin apuro hacia la salida del
edificio cuando vio reflejado en el vidrio del portón un fogonazo que le pareció de color
azul eléctrico; la aureola diabólica de una bola de fuego que avanzaba desde el comedor
devorando todo: cuerpos, mesas, sillas, armarios, pedazos de mampostería y hasta el
escritorio del personal de vigilancia. Domínguez no tuvo ni tiempo de darse vuelta y fue
arrastrado también él por la onda expansiva de la bomba montonera, que arrancó el portón
de cuatro metros de alto por seis de ancho como si fuera de cartulina y deglutió a los
agentes Víctor Flores y Hugo Biazzo, que, parados en la vereda, custodiaban el ingreso con
postura marcial. El portón de madera, hierro y vidrio voló por encima de la calle Moreno al
1400, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, y quedó estampado en la fachada de
mármol del edificio de enfrente; Domínguez rebotó contra el portón, dio otra vuelta en el
aire y cayó sentado —ya inconsciente— en diagonal a la sede policial; Flores y Biazzo
fueron arrastrados varios metros y también terminaron despatarrados, Flores cerca de
Domínguez, en la vereda de enfrente, y Biazzo en el medio de la calle, junto al agente
Roberto Palacios que acababa de salir de la Superintendencia de Seguridad Federal para
buscar el auto de uno de sus jefes cuando escuchó la fuerte explosión y se vio tirado al
suelo y puesto a rodar por la impiadosa onda expansiva. También el agente Julio César
Yusso terminó tirado en la calle, junto a Biazzo y Palacios; Yusso viajó en la bola de fuego
desde una mesa ubicada en la tercera fila del sector derecho del comedor; a la una y veinte
en punto de la tarde del viernes 2 de julio de 1976, en plena dictadura, Yusso terminaba el
postre cuando fue levantado de la silla por la rotunda explosión que cambiaría la vida de
todos ellos y de sus familiares, amigos y colegas. De la bola de fuego solo se salvó la
imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Policía Federal, entronizada muy cerca del
techo, a unos tres metros del portón de ingreso. El sargento Domínguez y los agentes
Flores, Biazzo, Palacios y Yusso sufrieron quemaduras en el rostro, cortes variados y
fracturas en las piernas; pudieron recuperarse luego de permanecer internados en el hospital
policial Bartolomé Churruca, en el barrio de Parque Patricios, aunque Domínguez quedó
rengo de por vida. Los cinco policías formaron parte de los ciento diez heridos que provocó
la explosión de la bomba colocada por Montoneros en el núcleo —el cerebro— del
dispositivo preparado por la Policía Federal durante una década y media para vigilar,
investigar, infiltrar y reprimir a las organizaciones guerrilleras. Ciento diez heridos y
veintitrés muertos, el saldo total del peor atentado guerrillero durante la sangrienta década
de los 70, el más devastador ataque contra una sede policial en todo el mundo. La bomba de
Montoneros dejó incluso más muertos —una persona más— que la voladura de la
embajada de Israel en la Argentina, el 17 de marzo de 1992.
Entre los heridos, los casos de Domínguez, Flores, Biazzo, Palacios y Yusso no
fueron los más graves. Varios policías sobrevivieron con graves mutilaciones; algunos,
postrados para siempre. Seis cadáveres quedaron destrozados, irreconocibles a simple vista:
carbonizados; sin brazos ni piernas; decapitados o con la cabeza apenas colgando y
convertida en una masa sin forma. El oficial ayudante Héctor Alejandro Castro, Castrito,
que había cumplido veinticuatro años el día anterior, fue atravesado de lado a lado por la
pata de una mesa metálica; lo encontraron gritando, pidiendo por su mamá, Carmen, y lo
llevaron al Churruca, donde murió ocho días después, el 10 de julio. El médico Héctor
Murro explicó que “no salió en ningún momento del grave coma de grados tercero y
cuarto” en el que fue internado. Diecinueve de las víctimas fatales murieron en el acto y sus
restos fueron ordenados y numerados menos de tres horas después del ataque, a las cuatro y
cuarto de la tarde de aquel viernes, en una sala contigua a la farmacia del Churruca, cada
8 Tununa Mercado elogió el carisma de Walsh: “Lo llamábamos Capitán; era un líder nato. A Rodolfo le daba
inmenso placer hacer algo en contra del enemigo. Era una acción positiva, estimulante”,cfr.
https://www.infobae.com/sociedad/2022/03/01/masacre-en-el-comedor-el-brutal- atentado-y-el-papel-clave-
de-rodolfo-walsh-en-el-aparato-de-inteligencia-de-montoneros/ (23/2/2026).
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Pág.4/6/final_de_pagina/una con un número escrito a mano atado al dedo gordo de uno de sus pies; las otras cuatro
personas fallecieron entre cuatro y ocho días después en el hospital policial a causa de las
gravísimas heridas recibidas.
Entre los veintitrés muertos en el comedor de la calle Moreno 1417 hubo cinco
mujeres. Una de ellas fue la única persona que no pertenecía a la policía, la única víctima
civil: Josefina Melucci de Cepeda, de 42 años, casada, tres hijos, que trabajaba en la
empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales, y aquel viernes fue a comer con su
amiga, la sargenta María Olga Pérez de Bravo, que también falleció. Carolina Cepeda vio
por última vez a su mamá aquel viernes 2 de julio a media mañana, cuando ella tenía cinco
años y el subte de la Línea B paró en la estación Uruguay y la nena bajó con su papá, que la
llevaba al médico. Fue el último beso que le dio y que la acompañaría, como un tesoro,
durante toda su vida. La madre siguió viaje una parada más, hasta la estación Carlos
Pellegrini; trabajó un par de horas en la sede de YPF y salió para almorzar con su amiga; en
el camino, entró a una tienda y compró un tapado. Josefina Melucci de Cepeda murió en el
acto por una herida profunda en la base del cuello y su cuerpo fue retirado al día siguiente
por su esposo, que tenía una gomería en el límite entre los barrios de Villa Urquiza y
Belgrano9. Reato se plantea: “¿Vamos a perdonar a algunos? ¿Nos vamos a olvidar de esto?
Porque fueron 23 muertos, no fue una travesura infantil”. Son víctimas las víctimas de la
dictadura, pero también lo son los grupos guerrilleros. Todas son víctimas. No hay mejores
que otras. En cambio, los veintitrés muertos no tienen ni una placa en la Ciudad10.
Para comprender el afán nomenclador en torno a la figura de Walsh, tanto en la
Ciudad de Buenos Aires como en otros distritos del país, basta mencionar sin ánimo de
exhaustividad la plazoleta Rodolfo Walsh en la esquina de Perú y Chile, en el barrio de San
Telmo de esta Ciudad inaugurada en 2009, la escuela EEM nro. 1 D.E. 16 en el barrio de
Villa Pueyrredón en esta Ciudad, la escuela secundaria nro. 9 ubicada en la localidad de
William Morris, la escuela nro. 20 en el partido de Ezeiza, ambas en la provincia de Buenos
Aires, la escuela municipal secundaria nro. 210 en Mar del Plata, la escuela secundaria
I.P.E.M. nro. 20 en la ciudad de Córdoba capital, una plaza con su nombre en Rosario,
provincia de Santa Fe, una plaza en Entre Ríos, otra en San Vicente, provincia de Buenos
Aires, un monumento en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, una imagen
suya en el barrio Lamadrid en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba, un
monumento suyo en la ciudad de La Plata, un barrio con su nombre en Beltrán, provincia
de Río Negro, un ciclo en homenaje en el partido de San Martín, provincia de Buenos
Aires, el premio en su nombre entregado por la facultad de Periodismo y Comunicación
Social de la Universidad Nacional de la Plata, la puesta en valor de su casa en Tigre por
parte de la gestión del intendente Julio Zamora11 y su casa natal en la provincia de Río
Negro.
Por su parte, en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se presentaron diversos
proyectos respecto de su persona y su obra: varios proyectos de conmemoración de su
figura, varios proyectos sobre conmemoración de su desaparición forzada, de denominación
con su nombre del pasaje Rauch, de gestiones para denominar con su nombre una sala de la
biblioteca nacional, de conmemoración del 65° aniversario de la publicación de su libro
Operación Masacre y de lectura obligatoria en las escuelas de su carta abierta contra la
dictadura militar.
9 Cfr. https://www.infobae.com/sociedad/2022/02/18/masacre-en-el-comedor-los- estremecedores-detalles-
del-atentado-mas-sangriento-de-montoneros-del-que-nadie-habla/ (23/2/2026).
10 Cfr. https://www.infobae.com/politica/2022/02/20/el-libro-de-ceferino-reato-sobre-el-atentado- mas-
sangriento-de-montoneros-rodolfo-walsh-diseno-la-operacion-y-hoy-lo-homenajean/ (23/2/2026).
11 Cfr. https://www.telesurtv.net/news/declaran-casa-vivio-rodolfo-walsh-patrimonio-argentina- 20210326-
0021.html (25/3/22). Asimismo, https://www.cronica.com.ar/politica/Julio-Zamora-y-Tristan-Bauer-
homenajearon-a-Rodolfo-Walsh-a-45-anos-de-su-asesinato-y-desaparicion- 20220325-0109.html (25/3/22);
https://www.argentina.gob.ar/noticias/rodolfo-walsh-con-la- vigencia-de-siempre-45-anos-despues (25/3/22);
https://www.lanacion.com.ar/politica/miguel-bonasso-desmintio-una-version-difundida-por-horacio-
verbitsky-sobre-los-ultimos-dias-de- nid27032022/ (25/3/22); https://www.infobae.com/2016/03/24/1799382-
la-carta-no-abierta- rodolfo-walsh-la-cupula-montoneros/ (23/2/2026);
https://www.infobae.com/sociedad/2020/12/31/tres-sangrientos-crimenes-y-un-pago-millonario- por-silencio-
la-trampa-de-rodolfo-walsh-a-un-sindicalista-para-que-contara-la-verdad/ (23/2/2026).
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Pág.5/6/final_de_pagina/Cabe mencionar que el proyecto presentado por la entonces diputada Gabriela
Cerruti bajo el expediente 1272-D-2011, fue sancionado en 2013 y es por el que la estación
de subtes lleva actualmente su nombre. Además se presentó otro proyecto similar por el
diputado Fabio H. Basteiro en 2012, que fue agregado al expediente antes mencionado. El
proyecto de la ex diputada Cerruti refiere a la “tensión resuelta: la establecida entre el
intelectual y la política, la ficción y el compromiso revolucionario”. Por lo tanto, no puede
afirmarse que la figura de Rodolfo Walsh se encuentre subvalorada o sub-representada en
el espacio público. Por el contrario, posiblemente su nombre, obra y memoria son
reivindicados y difundidos en similar o mayor medida incluso que autores de talento y
alcance universal como Jorge Luis Borges o Julio Cortázar.
A su vez, en un estado de derecho en el que se respeten cabalmente los derechos
humanos y la igualdad ante la ley resulta inadmisible que con los elementos de convicción
existentes se conmemore en el espacio y los bienes públicos el accionar de una persona que
cometió los hechos relatados, convirtiéndose estos en prenda de disputas políticas ajenas al
interés de la gran mayoría de los ciudadanos. Por este motivo es que promuevo que
simplemente se retire el nombre de Rodolfo Walsh de la estación de subtes mencionada a
fin de que se mantenga solamente la de “Entre Ríos”, que alcanza para identificarla, en
lugar de promover otra denominación que persiga fines políticos de cualquier índole,
incluyendo los que puedan resultar loables.
Por todo lo expuesto, solicito el acompañamiento de mis pares a fin de que se
apruebe la presente iniciativa legislativa.
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