Fundamentos del proyecto
Señora Presidente:
Los ángeles arcabuceros representan la última gran aportación del arte
occidental a la iconografía angélica, visten como la aristocracia
cortesana de la época de Carlos II y van armados como los tercios. En
la iconografía de los ángeles militares cada arcángel se reconoce por
tener un rasgo o haber sido parte de una acción divina. Ello supone que
al reparto de funciones va a corresponder algún atributo particular y
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establece una relación entre éstos y los elementos como los arcabuces
u otro tipo de armas que portan los ángeles.
En cuanto al origen de la obra, se trata de la expresión de artistas
indígenas surgidas de la evangelización, que conforman nuevas
imágenes angélicas inexistentes y propone considerarlas como
interpretaciones libres. Entre los años 1600 y 1816 existieron en Cuzco
doce pintores españoles, cuarenta y ocho indios y noventa y cinco
mestizos todos agrupados bajo el Gremio de Pintores, una institución de
rigurosas normas. En el año 1688, se produce la ruptura en el gremio de
pintores cuzqueños debido a conflictos interculturales, esta división
entre los artistas españoles e indios provocó que los pintores pudieran
explorar sus propios caminos estéticos, libres ya de las disposiciones
gremiales dictadas por los pintores españoles, generándose una pintura
local de carácter autóctono. Los pintores nativos empiezan a expresarse
con códigos y lenguaje propio desde finales del siglo XVI, pero
especialmente en los dos siglos siguientes.
Siguiendo a Cassirer (1945) y Panofsky (1998) en el contexto de las
circunstancias históricas en la que surgen los ángeles arcabuceros
podemos conjeturar que el contenido simbólico que representan se
relaciona con las ideas sensibles y los mitos de las comunidades
andinas cuya función es, la de explicar los orígenes de situaciones o
conceptos y legitimar los valores sociales. Así como esas obras
pictóricas buscaron cumplir con una función ordenadora dentro del
proceso político de la época colonial, la confluencia de elementos
iconográficos en los que las culturas de dos mundos combinan e
intercambian texturas, colores, ropajes, creencias y símbolos dejan una
huella indeleble en esas obras pictóricas originadas en el continente
americano.
Estas obras pictóricas, en la actualidad se ubican en museos, forman
parte de colecciones privadas y aún persisten en las iglesias de indios
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donde fueron ubicadas durante el siglo XVII. Se encuentran en países
como Perú, Bolivia y México, en la Argentina están ubicados en la iglesia
Santa Cruz y San Francisco de Paula de Uquía.
La Quebrada de Humahuaca es una ruta natural que sirvió como camino
de enlace en lo económico, no solo en el período prehispánico sino
también durante la consolidación de la etapa colonial. Las
características morfológicas de esta región actúan como modificadores
climáticos. Una variada vegetación y la abundancia de recursos de la
zona junto a las grandes posibilidades de comunicación terrestre fue lo
que favoreció la población temprana (Albeck, 1992). También por la
Quebrada de Humahuaca y por la Puna jujeña pasan los caminos que
en la época colonial servían de nexo entre la Audiencia de Charcas y el
Río de la Plata. Estas rutas fueron descriptas por primera vez en la carta
del licenciado Juan de Matienzo del 2 de enero de 1566 dirigida al rey
(Krapovickas, 1983: 10). En el camino de la Quebrada de Humahuaca
se encuentra el pueblo de Uquía y en el de la Puna, el de Casabindo.
En ellos se ubican las iglesias donde se albergan las obras pictóricas de
los ángeles arcabuceros desde el siglo XVII. Se trataba de caminos
frecuentados por el tránsito de comercio de diversa índole, y eran
utilizados también por los religiosos que unían diversos trayectos entre
las iglesias y capillas ubicadas en la región o en sus traslados hacia
Lima. A su vez, en 1691, al consolidarse la doctrina de Humahuaca, se
construyó la capilla del pueblo de San Francisco de Paula de Uquía, que
en el ámbito espacial se proyectó como eje del poblado y desde lo
jerárquico religioso era la viceparroquia de la primera (Caretta y Zacca,
2011).
La Iglesia de San Francisco de Paula y la Santa Cruz de Uquía,
declarada Monumento Histórico Nacional el 14 de Julio de 1941, es una
verdadera joya arquitectónica del noroeste argentino, la cual se
mantiene en pie desde el año 1691 y aunque a lo largo de su historia
sufrió varias reformas debido al deterioro provocado por la precariedad
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de sus materiales, hoy en día conserva su aspecto original. Su fachada
responde al típico estilo altiplano. En su interior se destaca su altar
mayor tallado a mano en madera en el siglo XVIII y el retablo, el cual es
uno de los más valiosos de la región debido a su gran antigüedad, así
como tallas en madera de estilo barroco y pinturas restauradas de la
escuela cuzqueña, entre las que se distinguen a "Los Ángeles
Arcabuceros". Se trata de obras que, al igual que en Casabindo
presentan un sólo personaje de pie, con las piernas separadas,
conformando un triángulo, todos portan elementos en las manos
configurando esa disposición diagonal sobre fondos sin escenografía.
Los de Uquía, además exhiben orlas de flores que los enmarcan en los
extremos de cada lienzo. La iluminación es frontal y toda la serie se
plantea en carmín, blanco y ocres, realizada en óleo sobre un tafetán de
fibra de algodón, hilado grueso y trama laxa y fueron pintadas en talleres
de Cuzco. La serie se encuentra ubicada espacialmente dentro del
templo sobre el lado de la epístola y del evangelio.
Esta colección hoy está incompleta, ya que gracias a los inventarios se
puede saber que desapareció uno de los diez cuadros originales, falta
que es constatable desde hace más de cien años. Por otro lado, existen
dudas acerca de la originalidad de las obras y si aún son las originales
las que se encuentran en la iglesia de Uquia.
Estas obras representan un valor histórico fundamental para la identidad
de nuestro pueblo, su reconocimiento, difusión y protección resulta
fundamental para la construcción de nuestra identidad y el respeto a
nuestra herencia originaria, por todo lo expuesto solicito a mis pares me
acompañen en la aprobación de este Proyecto de Ley.
María C. Moisés
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