Fundamentos del proyecto
Señora Presidente:
El cuidado es una necesidad universal para la preservación de la vida y
el bienestar de las personas, en la que se articulan dimensiones
identitarias, afectivas, económicas y políticas. Implica una enorme
multiplicidad de tareas y formas de llevarse a cabo.
Desde la modernidad, la responsabilidad de brindar cuidados ha recaído
mayoritariamente sobre las mujeres a modo de un “deber de género”,
otorgándoles presuntas capacidades asociadas a lo biológico, que les/final_de_pagina/“2024 – AÑO DE LA DEFENSA DE LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PROPIEDAD”
impone el rol de cuidadoras ideales y las obliga a identificarse como las
más capacitadas para realizar esas tareas a disposición y servicio de los
demás.
Esto ha llevado a una distribución profundamente desigual de estas
tareas, que, por otra parte, tienen un valor económico históricamente
invisibilizado.
Hago propias en estos fundamentos, las palabras de SACRA, el
Sindicato de Amas de Casa que desde hace más de 40 años es
promotor y autor de la visibilización del valor del tiempo y el trabajo de
cuidado, en pesos.
“Las mujeres realizamos tareas que son vitales para el desarrollo de la
sociedad: mantener el hogar limpio, cuidar a los hijos, elaborar los
alimentos, entre muchas otras que procuran bienestar a la sociedad y
que requieren la puesta en juego de innumerables capacidades y
dedicación continua.
Este trabajo no es suficientemente reconocido porque se desarrolla en
el ámbito privado, separado del ámbito público en el que los sujetos
trabajan e intercambian los productos de sus trabajos.
De esta forma, las tareas domésticas fueron históricamente significadas
como un no-trabajo, como el ejercicio de una actividad que
convenientemente se nombra así, tarea, quehacer, ayuda, para soslayar
la dimensión económica que implica la categoría de trabajo y por lo tanto
disimular una injusticia”. (SACRA).
La primera Encuesta de Uso del Tiempo la realizó el Sindicato de Amas
de Casa en 1998 y dio origen a la ley 6350/20 de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires./final_de_pagina/“2024 – AÑO DE LA DEFENSA DE LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PROPIEDAD”
Según los datos de la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo
(INDEC, 2021), el 92% de las mujeres realizan trabajo no remunerado,
frente al 75% de los hombres. No solamente son más las mujeres que
realizan estas tareas sino que también es mayor el tiempo que les
dedican: en promedio, 6:30 horas frente a 3:40 horas de los hombres.
De acuerdo al “Relevamiento sobre condiciones socioeconómicas
realizado por el Observatorio de Género y Políticas Públicas en
coordinación con la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU),
dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, “la mitad
de las mujeres que no trabajan de manera remunerada ni buscan
hacerlo identificó como principal obstáculo la cantidad de horas
dedicadas a las tareas del hogar (41,2%), seguida por quienes indican
ser las responsables del cuidado de las demás personas integrantes del
hogar (21,6%).”
Asimismo, desglosan el promedio de 6:30 horas de la Encuesta Nacional
del Uso del Tiempo, relevando que las mujeres de los barrios populares
dedican en promedio 8 horas y 31 minutos por día al trabajo no
remunerado, mientras que las mujeres de aglomerados urbanos
relevados por el INDEC dedican 4 horas y 49 minutos (tiempo medido
sin simultaneidad, ENUT 2021).
Esto nos habla de una gran diferencia no sólo desde una perspectiva de
género sino también socioeconómica, donde las mujeres de barrios
populares se ven mucho más afectadas por esta problemática.
Como expresa la economista y ex-subsecretaria de Políticas de Igualdad
del ex-Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación,
Lucía Cirmi Obón: “La distribución del cuidado le da ventajas a los
varones. Si hay alguien en su casa haciendo más trabajo doméstico y
de cuidado, el hombre tiene la disponibilidad, por ejemplo, para estar
más presente en la empresa, más disponible para asumir nuevos
riesgos y también más tiempo para el ocio”./final_de_pagina/“2024 – AÑO DE LA DEFENSA DE LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PROPIEDAD”
Por su parte, Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo
Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), expresa que: “Cuando las
mujeres que están insertas en el mercado laboral tienen hijos
experimentan de forma muy concreta las tensiones en el uso de su
tiempo, de maneras que los varones no hacen. Comienzan a repartir su
día entre el trabajo remunerado y una mayor demanda del trabajo no
remunerado. Pero, además, las mujeres asumen mucho más que los
hombres la carga mental de la gestión del cuidado. Más allá del cuidado
directo que ellas garantizan, también gestionan el cuidado que delegan
en otras personas y eso muchas veces se superpone con las
responsabilidades laborales que ya tiene”.
Otra arista a tener en cuenta es el aporte económico de las tareas de
cuidado. Según el informe “Los cuidados, un sector económico
estratégico. Medición del aporte del Trabajo doméstico y de cuidados no
remunerado al Producto Interno Bruto”, elaborado en 2020 por la
entonces Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del
Ministerio de Economía de la Nación, estima que el aporte del Trabajo
Doméstico y de Cuidados No Remunerado al Producto Bruto Interno es
del 15,9%, cuando sectores como la Industria y el Comercio son
responsables por el 15,7% y el 15,5%, respectivamente.
Los compromisos internacionales asumidos por el Estado Nacional, en
pos de alcanzar la igualdad, implican reconocer, valorizar y
profesionalizar el trabajo de cuidados.
Muchas mujeres ven interrumpida su carrera profesional a la hora de
maternar o de cuidar a personas mayores o con discapacidad.
Esto genera los efectos conocidos como “techo de cristal” (segregación
vertical de los puestos laborales, haciendo que los varones accedan en
mayor medida a posiciones de decisión y poder) y “paredes de cristal”
(segregación horizontal de las actividades, por la que los varones se/final_de_pagina/“2024 – AÑO DE LA DEFENSA DE LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PROPIEDAD”
concentran en actividades de la industria que representan ocupaciones
con mayor nivel de ingresos y las mujeres en los sectores de salud,
enseñanza y trabajo doméstico, tareas que se consideran extensivas de
la función cuidadora).
Creemos que el presente proyecto de Ley apunta a reparar simbólica y
materialmente a las mujeres que dedican la mayor parte de su vida a
cuidar a otras personas, muchas horas por día, durante muchos años,
sin remuneración y sin reconocimiento social por estas tareas.
Señora Presidente, por todo lo expuesto, solicito a mis pares
acompañen este proyecto de ley.
Silvina M. García Larraburu/final_de_pagina/